 | | » Opinión | | | De matrimonios, manifestaciones y absurdos
De matrimonios y manifestaciones anda la cosa estos últimos días. No obstante, las contramanifestaciones y los debates acerca del concepto de matrimonio civil, familia y comunidad vecinal, han tenido que rendirse ante el poder infinito de los absurdos y tonterías varias que inundan últimamente la red y los medios de comunicación.
Que determinados sectores critiquen, difamen incluso, desvirtúen alguna realidad acerca del movimiento gay o cualquier cosa que pudiera tener un vínculo mínimo, no es ninguna novedad. Pero todo tiene un límite, y en las horas anteriores al guateque de Espe & Cía la raya está siendo pisoteada y traspasada por más de uno. Así, por ejemplo, acabo de leer en Verdad Digital (que se hace llamar a sí mismo “Diario independiente”), las crónicas de los brutales ataques y amenazas llevadas a cabo por la flor y nata más gay del territorio nacional a algunos opositores al matrimonio gay.
Dicho diario recoge incluso la brutal paliza propinada al coche de una activista a favor de la familia -entiéndase familia como territorio excluyente que sólo recoge la idea de un matrimonio heterosexual con mujer sonriente, marido trabajador y paella los domingos-. Lo más curioso es que el miedo que invade a la mujer le impide denunciar a sus agresores, lo que se traduce en una información envuelta en un halo de misterio: no sabemos ni dónde, ni quién, ni cuándo, y tampoco leeremos nunca la denuncia de la susodicha, ya que el pánico le impedirá ir a la comisaría.
Resulta obvio que con dicha técnica todos podemos describir ataques al más puro estilo matón de barrio, pero la cosa no queda aquí. El periódico suscribe y hace suyo un artículo de determinado foro familiar (lo siento pero no estoy muy familiarizado con sus siglas) sin mayor referencia que dos tristes palabras al inicio del texto: “Fuentes...”. El resto lo suelta tal cual, como si de una noticia redactada por un medio objetivo, y no de una organización activista se tratara.
La cuestión es que al final pasa lo de siempre, y se acaba haciendo de un derecho fundamental un objeto de debate, división y crispación. Por eso la mejor herramienta ante estas provocaciones es la paciencia: el arte de mirar sentados cómo pasan los manifestantes, pensando que en unos meses, por mucho que chillen y pataleen algunos, España saldará una deuda histórica con su colectivo homosexual.
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