 | | » España | | | Zaplana: "Si Franco no pudo con los demócratas, mucho menos podrán Zapatero y sus socios con el PP"
A continuación se reproduce, por su interés, la entrevista concedida por Eduardo Zaplana (portavoz del Partido Popular en el Congreso) al diario La Razón.
«Fíjese si puede llegar a ser radical este Gobierno que cuando ha ganado Blair nos hemos alegrado nosotros y ellos se han enfadado», bromea, señalando ya antes de empezar la entrevista una de sus principales críticas contra el PSOE. Su otra obsesión es el «error» en el cambio de la política antiterrorista. – ¿La moción del PSOE ha dado la razón a la dureza de Rajoy en el Debate del Estado de la Nación? – Evidentemente, sí. Habrá quien quisiera engañarse, pero las cosas están claras. Todo forma parte de una estrategia predeterminada. – ¿Cree que esa negociación para la que piden autorización al Congreso ya ha empezado y que el Gobierno les ha vuelto a mentir? – Es muy difícil creerse que todo se hace a beneficio de inventario, que se pagan precios gratis. Alejado de los demócratas. – No parece que quede camino de encuentro en un asunto tan serio. – El único camino pasaría por que el PSOE recapacitase y se diese cuenta de que no puede combatir a los terroristas con gente que defiende que se pacte con ellos. Sólo se les combate con una decisión firme y democrática en todas las direcciones, como se ha hecho en los últimos años. Nadie puede entender que en el momento de mayor debilidad de ETA se cambie de política y se le dé un balón de oxígeno. Quien se ha apartado y ha sido desleal es quien cree que tiene que hablar con los terroristas, porque el pacto anti-ETA tenía un objetivo esencial, no buscar otras vías de negociación y de diálogo, sino combatirlos con la fuerza del Estado de Derecho. Ojalá al final el PSOE, más pronto que tarde, se dé cuenta de que ha elegido un camino que es tremendamente equivocado y vuelva a la alianza de los demócratas. La lealtad es para derrotar al terrorismo, no para pactar con ellos. – Y mientras quedan rotos todos los puentes con el Gobierno. – Hablar claro no está reñido con la comunicación que tiene que seguir existiendo. – ¿Qué pruebas tienen para estar tan convencidos de que el Ejecutivo pagará un precio político por la paz? – De momento, es inexplicable que haya permitido que nueve personas de una lista terrorista formen parte del Parlamento vasco. Eso ya es un precio político que no debía consentirse. A esto se unen esas declaraciones permanentes, ambiguas, planteando explorar caminos que conduzcan a la paz, o que se pacte la política antiterrorista con los que han defendido el diálogo con ETA. – Lo primero que les van a decir, ya lo hacen, es que ustedes exploraron ese camino cuando pudieron y que ahora se oponen sólo para desgastar. – El PP nunca puso encima de la mesa una negociación política. Cuando ETA declaró formalmente una tregua indefinida, y dijo que quería que se la escuchara, el Gobierno del PP accedió, dejando antes bien claro que no se trataba de ninguna negociación. Aquella situación fue pasajera y, mientras, el PP no dejó de perseguir al terrorismo. No ha habido negociación con ETA más que en tiempos de González. El Gobierno del PP sólo autorizó contactos para comprobar si quería rendirse. – Y si el precio se «quedase» en un gesto con los presos etarras, ¿tampoco darían un voto de confianza a Zapatero? Jaime Mayor ya lo hizo. – Estos debates sólo dificultan el fin de ETA porque abren expectativas sin que la banda haya dicho «esta boca es mía». ¿Qué sentido tiene especular sobre «qué pasaría si» cuando no se ha producido nada ni tiene pinta de que se vaya a producir? ¿No han visto las bombas de ayer? – ¿Hasta dónde temen que llegue la cesión del Gobierno? – Con este Gobierno no me atrevo a pronunciarme. Es una pregunta imposible de responder a estas alturas, pero hay más: ¿Qué piensan hacer con las reformas estatutarias y el futuro de España? ¡Es tan ridículo que discutamos sobre nuestra identidad! Somos la singularidad en la UE. – Y si sale bien lo de la «pacificación», ¿qué? Hasta en su formación hay quien admite en privado que jugar la partida desde una posición tan enconada entraña riesgos: la sociedad quiere paz y quizá la «compraría» si el coste le parece asumible. – Pero ¿qué es que salga bien? ¿A qué precio? Ésas son las preguntas que hay responder. La única posición racional y decente es la de mi partido. A la sociedad no le gusta someterse a chantajes y menos cuando los terroristas están en su peor momento y con la lucha policial y la contundencia política seríamos capaces de derrotarles definitivamente. – ¿Cree que tras la revisión de la política antiterrorista o del modelo de Estado hay un objetivo superior, arrinconar como sea al PP? – Esa política es ridícula y está condenada al fracaso. Pone en evidencia que quien la practica no cree en la democracia. En ningún país se habla de arrinconar a otros ni se plantea dejar al margen de la vida política cotidiana a una formación que representa a casi diez millones de votos... Si Franco no pudo con los demócratas, y tenía más medios que Zapatero ahora, mucho menos va a poder el Gobierno de izquierdas, por muchos coaligados que tenga nacionalistas y radicales, con la parte esencial y fundamental de la sociedad española que representa el PP. «Frente popular». – Desde posiciones próximas a su partido se habla incluso de clima de «frente popular». – Las circunstancias políticas y la podredumbre de miras llevan de vez en cuando a esas estrategias ridículas. El conjunto de la sociedad, en la que incluyo a votantes socialistas, no quiere ser representada por señores como Puigcercós o Llamazares, y no apoya tampoco movimientos que nacen del rencor, de la intolerancia... Esos movimientos los hemos visto en otras épocas, pero creíamos que estaban superados: gobiernos que llegaron a través de procesos revolucionarios diciendo que eran defensores de la sociedad y de los valores más democráticos y después se convirtieron en las mayores tiranías y cometieron las peores fechorías. Esa historia la conocemos y el PP aspira a otra cosa, a un país normal, donde todos nos respetemos. ¿Quién es aquí quien se ha radicalizado? ¿El PP o la coalición de Gobierno? No me cabe ninguna duda, nosotros estamos donde siempre, en el centro político. – ¿Después del debate también? – Sí. Hay veces que no hay más remedio que defender los principios y las convicciones con firmeza y con cierto radicalismo. – Sus enemigos, sin embargo, les atacan por el flanco de que se ha impuesto el ala dura, e incluso les agitan el para algunos incómodo fantasma del presidente Aznar. – El mismo jueves nos lo recordaba Rubalcaba en el Congreso. Pero ¿Aznar fue radical cuando combatió los GAL? ¿Fue radical cuando combatió la corrupción? ¿Qué era no ser radical? ¿Compadrear? ¿No denunciar lo que posteriormente los tribunales de justicia han condenado? A ese radicalismo me apunto. – Por ir avanzando: País Vasco. ¿Cómo quedará el gobierno? – Ni idea porque está todo muy confuso, pero hay aspectos que intranquilizan muchísimo, como que un candidato socialista se reúna con un partido del mundo terrorista. Es una traición a muchos de sus compañeros y a la memoria de otros. – El señor López ya ha dicho que no les pide sus votos para la investidura, ¿pero se los darán? – Si se compromete a defender el marco constitucional, cuenta sin duda con nuestro apoyo. Si lo que defiende es otra cosa, o acepta el aval de los que no creen en la libertad y defienden al terrorismo, ahí no nos encontrará nunca. – En este proceso abierto de reformas estatutarias, ¿el caso valenciano podría ser el modelo a imitar? – No lo sé porque no conozco el alcance de esa negociación. Tengo plena confianza en mis compañeros, pero hay que ver en qué términos está dispuesto a apoyarlo el PSOE. – En cualquier caso, ¿las comunidades del PP exigirán lo mismo que se le dé a Cataluña? – No creo que las comunidades tengan que definir su estatuto en base a lo que digan o hagan otros. – Me refiero a nuevas competencias o nuevos «privilegios» que pudiesen ir para la Generalitat. – Ya, pero ¿qué es un privilegio? ¿Lo es tener competencias como piden algunos en Seguridad Social? No, eso es una barbaridad. No apostaremos por cosas que pongan en juego la soberanía, la unidad de España, la vertebración y la cohesión. – Entrando ya en la arena de su partido. ¿Qué se juega Mariano Rajoy en las elecciones gallegas? – Mariano, no, el PP. Nos jugamos todos muchísimo, como nos lo jugaríamos si las elecciones fuesen en cualquier otro lugar. Son muy importantes, sin duda, pero Mariano no se juega más que el resto. – ¿Son tan importantes como para que afecten a las generales? – Cualquier elección tiene siempre una lectura, como es lógico, en el plano electoral. Dicho esto, se equivoca quien quiera ver en estos comicios una relación directa con lo que vaya a pasar en las generales. Las gallegas las vamos a ganar bien, pero ni ganándolas bien, ni si no gobernáramos, van a ser determinantes para unas generales. Esta legislatura no se agota y Rajoy, casi con toda seguridad, va a ser presidente del Gobierno. – Un elemento contra su optimismo: aun habiendo adelanto, quien tiene facultad para convocar elecciones es el Ejecutivo, y lo hará cuando más le convenga. – Pero la gente tiene un límite. Hasta Zapatero debe tenerlo. No se puede aguantar durante mucho tiempo a tu socio señalándote con el dedo y diciéndote: «Bienvenido al club». Se puede durante un tiempo partir el Archivo de Salamanca, parar el PHN, cargarse la Ley de Educación, perseguir a los católicos…, todo eso son barbaridades, y también tienen que tener un límite, incluso para el PSOE. – ¿Cómo está el PP? ¿Se ha librado ya de todas las rémoras del pasado? – ¿Qué son las rémoras del pasado? Tenemos muchos activos y serán determinantes para que ganemos las próximas elecciones. Mucha gente votó en España con una carga emocional que se impuso por encima de un voto más normalizado. Pero esos mismos españoles se están dando cuenta de que la tragedia la pagó el PP porque estaba ahí, no por su gestión, que era exitosa, ni por su responsabilidad, que no la tuvo. – Un poco de autocrítica. Algo habrá que mejorar. – Muchas cosas, pero no se puede hacer todo a la vez. Antes hemos tenido que superar lo más difícil y ahora llega ya un tiempo nuevo, el que nos debe llevar al triunfo. – Un mal endémico de su partido ha sido, por ejemplo, la política de comunicación. – Desde luego nuestro punto fuerte no es ni el márketing ni la propaganda ni probablemente tampoco la comunicación, mientras que el PSOE es como el juego del parchís en este terreno, mata una y cuenta veinte. – Si no hay rémoras del pasado, Aznar debería seguir siendo un activo. – ¿A quién se le ocurre pensar que no va a sumar la actuación brillante de ocho años de gobierno? – Quizá podría sumar más si se lo pidiesen. – Aznar decidió que su papel tiene que ser el que es. – ¿Sus relaciones con el señor Rajoy son tan frías como parece? Sobre todo después del vídeo del 11-M y de lo de las «vísceras». – Son excelentes. – En este momento de escenificación extrema del fantasma de las dos Españas, al menos con su amigo Bono se seguirá entendiendo. – Mi relación es buena. Hay que saber separar el debate político del respeto personal. – ¿Hacia dónde va el socialismo? – En España ha empeorado de forma sustancial. En tiempos de González hubo gravísimos errores, pero no tuvieron que ver con la condición ideológica, sino con la actuación de personas concretas. Ahora han hecho la operación inversa, ir a un socialismo del XIX o principios del XX. – Ya para terminar, la comisión del 11-M. ¿Sigue sin descartar a ETA? – No es posible a día de hoy que alguien lo pueda descartar con rotundidad. Yo, al menos, no lo descarto, entendiendo por autoría cualquier tipo de colaboración. – ¿Por dónde irán las conclusiones del PP? Una vez más estará solo. – Aquí no se plantean conclusiones sino un juicio sumarísimo sin garantías, como los de las dictaduras. Pero eso no importa. Lo que importa es que seamos capaces de trasladar a la gente la verdad, y a ello nos vamos a dedicar.
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