 | | » Opinión | | | Daniel Méndez: 'Japón, el Dragón dormido'
Hace 100 años, en septiembre de 1905, Japón derrotaba por sorpresa a la todopoderosa Rusia de los Zares. La guerra pasó a la historia como una de las victorias más sorprendentes de todos los tiempos: la inmensa Rusia, el país más grande del mundo y en aquellos momentos considerada una superpotencia, caía ante el diminuto Japón.
Al igual que entonces, Japón aparece hoy como un país infravalorado en su peso internacional y su importancia geoestratégica. Conocemos el sushi, el sumo, y las marcas Toyota o Sony, pero Japón aparece envuelto por esa filosofía oriental de modestia alejada de la propaganda y las declaraciones altisonantes. Como reconoce el propio embajador de Japón en España, Ken Shimanouchi, “Japón no comunica, no hace propaganda de sí mismo”.
Tal vez por este motivo se nos escapa la trascendencia del país nipón en Asia y en todo el mundo. Japón cuenta con una población de aproximadamente 127 millones de habitantes, más de los que suman Paraguay, Ecuador, Chile, Venezuela, Argentina y Perú. Desde 1968, y casi sin ocupar ningún titular, Japón es la segunda potencia económica en términos del Producto Interior Bruto (PIB). Ante la pregunta de quién había ganado la Guerra Fría, algunos analistas no dudaban en su respuesta: “Japón”.
Es también asombroso comprobar como el PIB de Japón es igual al de los 36 países de América Latina y todo el resto de Asia, mientras que la combinación de su economía con la de EEUU supone el 40% de la economía mundial. Su importancia política deja también constancia en Naciones Unidas, donde aporta el 19,5% de los ingresos, convirtiéndose en el segundo país aportador por encima de la suma de las cantidades de Francia, Gran Bretaña, Rusia y China.
El crecimiento de Japón debe mucho a las ayudas que llegaron tras la Segunda Guerra Mundial desde Naciones Unidas y, sobre todo, desde EEUU Los japoneses respondieron a esta ayuda fortaleciendo los lazos con los estadounidenses, que hoy en día pasan por ser sus mejores aliados. Esta relación es de tal magnitud que el embajador de Japón en España, Ken Shimanouchi, comparaba la importancia de las relaciones con los estadounidenses a la relación de España con la Unión Europea. EEUU impulsó el crecimiento económico de Japón, favoreció su democracia y le facilitó un encaje internacional. Ahora, la dimensión exterior de Japón casi siempre encuentra su marco en el entorno estadounidense. A EEUU le interesaba y todavía le interesa un aliado del calibre de Japón. Gracias a él los estadounidenses mantienen un pie en el Pacífico y pueden vigilar a China. Como afirman varios analistas, Japón pasa por ser el “caballo de Troya” de EEUU en Asia y el principal defensor de sus intereses en el Pacífico.
Una de las prioridades de Japón para los próximos años, y en la que contará con el apoyo de EEUU y las reticencias de China, es conseguir un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Con esta medida, Japón se aseguraría un lugar privilegiado en el marco internacional y acabaría con las desigualdades creadas tras la Segunda Guerra Mundial.
En un momento en el que todo el mundo habla de China como principal potencia asiática, no conviene perder de vista a Japón. Su economía continúa siendo el doble que la de China y su alianza con EEUU le convierte en un país especialmente influyente y bien situado en las relaciones internacionales. Como decía el Gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, el dragón dormido de Asia no es China, sino Japón.
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