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Rafael Torres: 'Alma de turista'
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Jueves, 27 de octubre de 2005ENVIAR A UN AMIGO


Aparecen en los noticiarios turistas españoles en el Caribe protestando y lamentándose airadamente de su situación: el huracán Wilma les ha chafado las vacaciones. Como buenos turistas, y más concretamente como buenos turistas españoles, éstos de Cancún y la Riviera Maya estaban allí para disfrutar de aquello, pero dando por supuesto que aquello no debía, en ningún caso, tocarles, ni mojarles, ni mancharles, ni afectarles, en fin, lo más mínimo. De suerte que esto del huracán, que no figuraba en el folleto de las excursiones y de las actividades previstas, se les antoja un suceso tan inaceptable que justificaría, si no una indemnización importante, sí, cuando menos, la devolución del coste del viaje organizado.

El turista, particularmente el turista español, cree que existen los viajes organizados, y, desde luego, que los acontecimientos políticos, sociales, bélicos o atmosféricos deben sujetarse a esa organización a fin de que no haya sorpresas. El turista es un viajero que no admite sorpresas, pero en vez de quedarse en casa, donde el factor sorpresa es irrelevante, se empecina en buscar lo previsible, lo nada azaroso, por esos mundos, sobre todo por los mundos azotados por la miseria, los terremotos y los huracanes. Él ha pagado y exige que esos mundos representen hasta el final la comedia a la que ese pago les obliga: piscina, servicio indígena pero domesticado, cócteles servidos en piñas y cocos, playita, marisco, crepúsculos espectaculares, temperatura ideal y, bueno, allá a lo lejos, tras las vallas de la reserva turística, un exótico caos de chabolas con cierta fotogenia.

Los huracanes es lo que tienen, y más en el Caribe, su patria chica. La gente del país se queda sin electricidad, sin comida, sin transportes, sin agua corriente y sin aviones para salir pitando. ¿La gente? ¿El país? Pero el turista no se reconoce en el país ni en la gente, sino en el simulacro que de ambos le han vendido en la agencia porque la agencia conoce los gustos de los turistas. Los que había en Cancún y en la Riviera Maya claman contra las autoridades, contra el consulado, contra la agencia, contra la compañía aérea... Se sienten, con tanta realidad súbitamente alrededor, engañados.

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