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Óscar C. Orellana: 'Las risas de Aznar'
EL OTRO DIARIOIMPRIMIR
Jueves, 9 de diciembre de 2004ENVIAR A UN AMIGO


La semana pasada tuvimos que soportar contemplar el retorno de Aznar, el Cid de Georgetown, a nuestras vidas. Algunos ya estábamos contentos con su perenne presencia en las universidades norteamericanas, dando lecciones magistrales sobre la historia del mundo y sus relaciones con su amiguete, el presidente Bush. Para los que combatimos el modo de vida americano y aspiramos a impedir su expansión por el resto del mundo, civilizado o no, la presencia de Aznar en Estados Unidos y su activa comparecencia en conferencias, publicación de artículos en medios “necons”, etc. era la segunda muestra, tras la reelección del cristiano renacido Bush como presidente, de que todo imperio tiene su colapso y este está en plena caída.

Pero no, Aznar ha vuelto a nuestras vidas. Vidas de las que le expulsamos un 14 de marzo con nuestros votos y nuestras voces, tras cuatro años (sus cuatros primeros años de gobierno, fueron un remanso de concordia en comparación con estos) de mentiras, insultos, crispación, odio y más mentiras. Pero ha vuelto.

En su comparecencia ante la Comisión de Investigación por los salvajes atentados del 11 de marzo en Madrid, no solo hemos tenido que contemplar a Aznar en estado puro: mentiras, provocaciones y altanería. También hemos tenido que soportar la presencia de un coro de hooligans que le jaleaba cada vez que buscaba “autores intelectuales” del atentado ajenos a los islamistas radicales o culpaba a la Cadena Ser de ser autora de un golpe de estado mediático que impidió la victoria del PP en las elecciones. Cuanto mayor era la mentira y la provocación del ex presidente Aznar, más alta era la jocosa admiración que demostraban Acebes, Zaplana o el circense Martínez Pujalte.

Sin querer entrar en el fondo de lo sucedido el 11 de marzo, de las imprevisiones de los mandos de Interior (del Partido Popular), de los telegramas de la ministra de exteriores a la ONU y a las embajadas para forzar una autoría de ETA que no era cierta (ministra del Partido Popular), de las llamadas del propio Aznar a los medios de comunicación para decir que había pruebas de que era ETA y no el islamismo radical el autor del crimen (presidente del PP), como ciudadano sólo puedo pensar en una cosa cada vez que contemplo las imágenes de Aznar ante la Comisión de Investigación, sus palabras, sus risas y el jaleo de sus admirados lacayos de la actual dirección del PP: en los últimos días de su gobierno, 191 seres humanos, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente asesinados por terroristas islámicos.

¿Dónde cojones está la gracia?

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