 | | » Opinión | | | Jaime Rivas: 'Enemigos de la democracia'
El lamentable espectáculo que este sábado ha vivido Madrid no ha sido más que el corolario lógico de un proceso de agitación y propaganda que, de no detenerse, amenazará seriamente la convivencia cívica entre los españoles.
Nadie ha llamado casualmente "hijos de puta" y "cabrones" a los trabajadores de la Cadena SER. Tampoco el ministro Bono ha sido objeto de insultos y de un intento de agresión por el azar. Rosa Díez no ha salido llorando de la manifestación del sábado por las impertinencias de algún exaltado. Quien ha tachado al Gobierno legítimo de España de "golpista", y lo ha asociado junto al de Rabat y al de París a los atentados del 11 de marzo, no ha probado trago en toda la jornada. Y sin dejar de ser responsables del acto contra la democracia que este fin de semana ha padecido Madrid, los fascistas que han acosado, asediado e injuriado a todos aquellos que no contaban en sus bolsillos con un carné del Partido Popular no son los culpables últimos de esta barbarización que sufre hoy la sociedad española.
Los verdaderos fascistas, los verdaderos golpistas, los verdaderos verdugos de la democracia y la convivencia entre los españoles, llevan meses atrincherados tras sucios micrófonos y repugnantes diarios digitales que no sirven más que para extender el odio, la crispación y la abyección moral que comparten con los que hoy, como ayer, asesinan en el País Vasco a los no nacionalistas o callan ante la muerte.
Quien lanza bulos malintencionados sobre la autoría del 11M; quien acaso sugiere complicidades entre los etarras y ciertos partidos democráticos, legítimos y legales; quien habla de "guerracivilismo" y de persecuciones ideológicas; quien se alinea con unas organizaciones y niega los derechos de las contrarias; quien pronuncia "golpismo" al recordar unas elecciones limpias y claras; quien al día siguiente de la tragedia de marzo vinculaba al mismísimo Rodríguez Zapatero con los asesinos; ese, tal vez, sea el responsable del sábado negro que la capital ha vivido.
La Asociación de Víctimas del Terrorismo, respetable como toda agrupación de víctimas de la barbarie, es libre de decidir con quién acude a las manifestaciones, como el Partido Popular es soberano para determinar una línea política de acuerdo con sus intereses particulares, pero por el bien de la sociedad y de su propia credibilidad sería conveniente que también marcaran distancias con los que, altavoz mediante, nos roban setenta años de aprendizaje a la convivencia. Una condena no es suficiente; deben alejarse de hecho de los enemigos de la democracia.
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