El presidente del BBVA, Francisco González, hacía público ayer que su sueldo durante el año 2006 ascendió a 9,77 millones de euros y, preguntado por si podía hacer algún comentario sobre su remuneración, afirmó que no se avergonzaba de la misma porque en el banco son muy transparentes con estos temas (sic).
Puede que a él este tema no le resulte vergonzoso y el banco sea tan transparente como el agua. Pero a mí, que en este país el presidente de un banco gane 26.767 euros al día mientras que el del gobierno apenas llegue a los 340 euros y haya más de medio millón de trabajadores perceptores del Salario Mínimo Interprofesional que sólo cobran 18,03 euros, muchos de ellos trabajando para la entidad que aquél preside, es como para sentir vergüenza ajena.
El presidente de Francia, Jacques Chirac, fue esta semana a la Cumbre de Jefes de Estado Francia-África para decirles a sus homólogos africanos que África debe elegir entre el desarrollo o el pillaje.
O, lo que viene a ser igual, que el camino que utilizó Francia para llegar a ser una potencia mundial está definitivamente cerrado. Que hubo un tiempo, el de las colonias, para el latrocinio impune y, durante el mismo, a Francia le correspondió el saqueo de esas naciones. Que cuando ese tiempo pasó, llegó el de la independencia y las empresas transnacionales francesas se dedicaron al hurto silente y continuo apoyado por gobernantes locales corruptos siempre serviles a los intereses de la antigua metrópolis porque, en gran medida, a ella debían su cargo y, sobre todo, sus fortunas.
Ahora África debe elegir y el pillaje, según Chirac, no es el camino. Es cierto, no lo es. Para nadie y, menos, para los saqueados. Pero su país bien que supo aprovecharlo cuando lo era y sus empresas bien que aprendieron la lección y la aplican cada día con esmero.
Si hay algo que no se le puede reprochar al gobierno de Rodríguez Zapatero es la coherencia mantenida por su gabinete económico en un continuo que va desde el ministro de Economía a los asesores personales del Presidente adscritos a la Oficina Económica de la Moncloa.
Todos, sin excepción, se encuentran marcados por una rotunda impronta neoliberal que no tratan siquiera de disimular por muy socialista que, sin conseguirlo, aparente ser el gobierno para el que trabajan.
Un reciente informe del Instituto de Política Familiar acaba de poner de manifiesto que España es el país de la Unión Europea que menos porcentaje de su PIB gasta en prestaciones familiares: un 0,52%; muy por debajo de la media europea que se encuentra en el 2,2% del PIB.
Este diferencial, que tan fríamente expresado pudiera parecer una cuestión menor, se traduce por el contrario en tremendas desigualdades en los niveles de prestaciones que los distintos estados de la Unión Europea conceden a las familias.
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