Tras escribir la última entrada sobre la opción elegida por Macedonia para insertarse en el capitalismo globalizado atrayendo capitales por la vía de ofertar una mano de obra especializada a precio de saldo me encontré, con sorpresa, con una página de Internet en la que también se comentaba ese anuncio.
Mi sorpresa no obedecía a que a otra persona le hubiera llamado la atención el referido anuncio sino que quien redactaba la nota, un responsable del grupo empresarial peruano APOYO, lo hacía comparando los argumentos de la oferta macedonia con los que podía ofrecer su país y llegaba a la conclusión de que los macedonios sí que sabían lo que los capitalistas necesitan.
¿Quién va a invertir en Perú, se dice, cuando su sistema impositivo grava los beneficios empresariales, ya sean o no reinvertidos, al 30%? ¿Quién cuando el impuesto sobre la renta puede alcanzar también, como máximo, el 30%?
Es más, ¿cómo va a invertir un capitalista en Perú cuando, a pesar de que el sueldo medio mensual de sus trabajadores es de 170 euros, éstos carecen de formación? ¿Cómo cuando su legislación laboral es “hiperintervencionista”? ¿En qué cabeza puede caber esa posibilidad?
Otra cosa sería, debe pensar el autor, si cobraran ese salario y además estuvieran altamente cualificados. Entonces sí; entonces Perú sería ese gran paraíso en la tierra y podría desbancar a Macedonia en su capacidad para atraer a los inversores capitalistas.
Sin embargo, hasta que llegue ese día, Perú seguirá envidiando a Macedonia porque en ese país saben vender a sus trabajadores. Aunque, bien pensado, Alan García no anda muy desencaminado cuando sigue suplicando ante Washington que los Estados Unidos se avengan a firmar un tratado de libre comercio con su país. ¡Tiempo al tiempo, debe decirse, y convertiré a Perú en una nueva Macedonia!
Mientras tanto, en ese país aspirante a convertirse en paradigma del capitalismo salvaje del siglo XXI que es China, acaban de aprobar la homogeneización del impuesto sobre sociedades para equiparar el tipo impositivo entre las empresas nacionales y las extranjeras. Esto supone que las empresas extranjeras tributarán al 25% en lugar del al 15% como venían haciéndolo hasta ahora.
“¡Qué equivocados estos chinos!”, deben pensar conjuntamente macedonios y peruanos. “¡Los impuestos no son el camino a la prosperidad!”
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